Amistad

El club de las cosas perdidas

Luna y Benjamín abren una oficina para objetos extraviados y descubren que algunas personas llegan buscando algo que no cabe en una caja.

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Historia de ejemplo protagonizada por Luna y Benjamín.

El club empezó con una llave sin puerta, un guante rojo y el letrero que Luna pintó: «Devolvemos cosas perdidas. Incluso las difíciles». Benjamín añadió dos sillas, por si alguien necesitaba esperar.

Pronto llegaron paraguas, cartas, un zapato de baile y personas que describían objetos imposibles: «la confianza que tenía a los veinte», «las ganas de llamar a mi hermana», «una tarde con mi mejor amigo». Luna quería explicar que aquello no era una oficina de milagros. Benjamín servía té y escuchaba.

La caja más antigua contenía fotografías de dos mujeres riendo en la misma plaza. Recorrieron el barrio hasta encontrarlas viviendo a tres calles de distancia, separadas por una discusión que ninguna recordaba bien. No recuperaron el tiempo, pero aceptaron sentarse en las dos sillas.

Desde entonces, el club registró cada objeto con dos preguntas: «¿Qué perdiste?» y «¿A quién podrías contárselo?». La llave nunca encontró su puerta. Luna la colgó sobre el letrero porque, de alguna manera, ya había abierto el lugar correcto.

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