Amistad

El paraguas compartido

Un paraguas diminuto obliga a Zoe y Nahuel, distanciados desde hace meses, a recuperar el ritmo de caminar juntos.

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Historia de ejemplo protagonizada por Zoe y Nahuel.

La tormenta los sorprendió en la misma esquina después de meses evitando coincidir. Zoe tenía un paraguas demasiado pequeño; Nahuel, una carpeta que no podía mojarse. Compartir techo fue menos incómodo que compartir silencio.

Al principio caminaron deprisa y cada cual protegió su mitad. Chocaron con tres postes, pisaron el mismo charco y discutieron sobre quién inclinaba mal el paraguas. Para avanzar, tuvieron que acompasar los pasos como antes, cuando ninguna conversación necesitaba esfuerzo.

La lluvia desvió la ruta. Ayudaron a un cachorro atrapado bajo un banco, entraron en una tienda donde sonaba su canción favorita y terminaron riendo por una razón olvidada. La carpeta se mojó en una esquina. El orgullo, bastante más.

Frente a la casa de Nahuel, la lluvia cesó. Zoe ofreció el paraguas. «Cabe mejor si volvemos caminando», fue la respuesta. No resolvieron aquella tarde todo lo que los había separado, pero recuperaron el ritmo necesario para empezar.

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