Aventura
La cueva de los ecos
En una cueva que devuelve las frases nunca dichas, Yara y León deben distinguir entre una advertencia verdadera y el sonido de sus propios temores.
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Historia de ejemplo protagonizada por Yara y León.
«No entres», dijo la cueva con la voz de Yara. Pero Yara no había hablado. León levantó la lámpara y el eco añadió: «Te va a fallar». Era una frase antigua, pronunciada años atrás en otro lugar.
Avanzaron marcando las paredes con tiza. Cada galería repetía algo que uno había callado: disculpas, sospechas, despedidas ensayadas. La brújula giraba hacia el miedo más cercano. Cuando León quiso seguirla, terminaron tres veces en el mismo lago subterráneo.
Decidieron caminar hacia el único pasadizo que guardaba silencio. Al fondo había una puerta sin cerradura. No cedió a la fuerza. Yara dijo: «Tengo miedo de que cambies y ya no me necesites». León respondió: «Cambiar no es marcharme». La piedra se abrió.
La salida daba al mismo acantilado, pero del otro lado del amanecer. No encontraron tesoros. Se llevaron la tiza gastada y una regla para futuras discusiones: antes de obedecer a un eco, preguntarían si la voz pertenecía al presente.
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