Fantasía
La corona de papel
Gael y Sofía reciben una corona que se rompe ante la vanidad y se fortalece con cada gesto anónimo de bondad.
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Historia de ejemplo protagonizada por Gael y Sofía.
El día de la elección real, Gael y Sofía esperaban una corona de oro. La anciana del archivo colocó sobre la mesa una tira de papel plegado. «Llévenla por el mercado —ordenó—. Al anochecer sabremos quién merece gobernar».
Cada vez que alguien presumía de sus riquezas, una punta se rasgaba. La corona casi se deshizo frente al joyero, al capitán y al hombre que había pagado una estatua con su propio rostro. En cambio, al pasar junto a una panadera que guardaba el primer pan para una familia sin dinero, el papel recompuso uno de sus pliegues.
Gael quiso anotar su nombre. La panadera se negó. Sofía comprendió entonces la prueba: no buscaban a una persona perfecta, sino las acciones que sostenían el reino sin pedir aplausos. Recorrieron calles, huertos y talleres recogiendo esas historias.
Volvieron con la corona cubierta de remiendos y nombres escritos por dentro. El consejo preguntó quién debía llevarla. «Todos los que aparecen aquí», respondieron. Desde entonces, la corona pasó cada semana de mano en mano. Nunca volvió a ser elegante, pero se hizo tan resistente que ningún rey pudo apropiársela.
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