Humor

La maleta inquieta

Una maleta con ruedas propias escapa por la ciudad y obliga a Mónica y Quique a perseguir las vacaciones que tenían demasiada prisa para disfrutar.

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Historia de ejemplo protagonizada por Mónica y Quique.

La maleta oyó «viaje» y salió rodando de la terminal. Mónica corrió detrás con los pasajes; Quique, con un calcetín todavía en la mano. El equipaje dobló la esquina, tomó un autobús sin pagar y saludó por la ventana.

La siguieron hasta una banda callejera, un puesto de helados y un museo donde se escondió fingiendo ser una escultura moderna. Cada vez que la alcanzaban, escapaba al oír frases como «no hay tiempo» o «lo veremos después».

En el mirador, Quique comprendió el problema. Habían organizado tanto las vacaciones que no habían mirado la ciudad. Se sentaron. Mónica guardó el itinerario. La maleta se acercó despacio y abrió sola un bolsillo del que cayó una cámara.

Perdieron el tren y ganaron un día. La maleta regresó al hotel por su cuenta, cubierta de pegatinas y con un imán que nadie recordaba comprar. Desde entonces viaja con una condición escrita en la etiqueta: «Pararse a mirar, al menos una vez por trayecto».

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