Misterio

Las huellas del desván

Unas huellas aparecen cada mañana en un desván cerrado y conducen a Irene y Gaspar hasta el taller secreto de un juguetero.

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Historia de ejemplo protagonizada por Irene y Gaspar.

Las huellas comenzaban bajo la ventana y terminaban frente a una pared. Eran pequeñas, redondas y demasiado regulares para pertenecer a un animal. Irene espolvoreó harina; Gaspar instaló una campanilla. A medianoche sonó una sola vez.

Subieron y vieron un ratón de madera caminar con una llave en la espalda. Atravesó la pared por una rendija. Detrás había un mecanismo de engranajes y, oculta entre dos vigas, una puerta del tamaño de un armario.

El cuarto secreto guardaba cientos de juguetes sin terminar y un cuaderno del bisabuelo, que había prometido fabricarlos para los niños del barrio después de la guerra. No pudo cumplirlo. El ratón, único juguete completo, daba cuerda al taller cada noche para seguir esperando.

Irene y Gaspar no repararon todas las piezas. Invitaron al barrio a terminarlas. Ningún juguete quedó perfecto y cada uno llevó el nombre de dos autores: quien lo empezó y quien decidió continuarlo. El ratón dejó de caminar hacia la pared y pasó a recibir visitas en la entrada.

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