Romance

La promesa del mirador

Dos caminos conducen a Olivia y Marco al mismo mirador, donde una vieja promesa debe convertirse en una decisión presente.

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Historia de ejemplo protagonizada por Olivia y Marco.

Olivia subió desde el pueblo del este. Marco, desde el oeste. Habían prometido encontrarse en el mirador si alguna vez la distancia pesaba más que el orgullo. Tardaron cuatro años en admitir que había llegado ese día.

Sobre la cima no había bancos ni señales, solo una vista inmensa y el viento llevándose las frases preparadas. Hablaron primero del clima, después de los caminos y, por fin, de las vidas que habían construido sin consultarse. Algunas verdades dolieron porque ya no podían cambiarse.

Marco sacó un candado para repetir la promesa. Olivia negó con la cabeza. No querían atarse a quienes habían sido. Entre los dos enterraron el candado bajo una piedra y acordaron algo menos romántico, pero más difícil: decir a tiempo cuándo necesitaran acercarse.

Bajaron por el mismo sendero hasta la bifurcación. Allí no hubo despedida. Eligieron el pueblo del este para cenar y el del oeste para despertar. El mirador dejó de ser el sitio al que volvían cuando todo fallaba; se convirtió en el lugar donde aprendieron a elegir de nuevo.

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